TEMAS DE HOY por Roberto Mangas
EDUCACIÓN EN TOLERANCIA Y DISCIPLINA
Un joven con trastorno de la conducta agredió sexualmente a otro hace diez años y el Tribunal Supremo ha condenado ahora a los padres del menor agresor a indemnizar a la familia del agredido, al considerar que como progenitores “no adoptaron las medidas exigidas por el deber de vigilancia propio de la diligencia de un buen padre de familia". Es decir, les condena por malos padres a responder por los perjuicios causados por su hijo.
En contra de lo que puedan opinar asociaciones que normalmente velan por los derechos de los agresores y nunca por los de las víctimas, tan solo podemos decir que sentencias como ésta nos redimen de la sensación de impotencia e impunidad que nos queda a diario cuando vemos a tanto salvaje en la calle campando a sus anchas. Y decimos que nos redimen, porque vemos una vía abierta para acabar no solo con esos cabestros, sino también con sus padres, que, normalmente, son peores que los hijos. De ahí lo de “de tal palo…”.
Cualquiera de nosotros está al corriente de lo que ocurre en la calle con una minoría de bestias descerebradas: vandalismo, destrozos en públicos y privados, agresiones gratuitas, tráfico de drogas… Estas conductas, producto a partes iguales, cuando no superpuestas, de trastornos mentales sin tratar y una mala educación, solo tienen dos vías de erradicación: la educativa y la policial/judicial.
Desde muy pequeños, los niños han de ser educados en valores como la tolerancia y el respeto a los demás, pero también en la disciplina. Sí, la disciplina, esa palabra que algunos tarados confunden con franquismo y que por tanto no aplican a sus hijos, convirtiéndolos en pequeños déspotas, proyecto de futuros maltratadores y personas violentas y frustradas en todas las facetas de sus vidas.
El niño ha de tener unas normas que le hagan saber que su santa voluntad no es el centro de atención mundial. En casa y en el colegio, el niño debe saber que existe una autoridad moral y física por encima de él, y que debe respetarla al igual que a sus semejantes. Si falla este principio, falla todo el esquema.
De ahí los miles de casos de acoso escolar y violencia sobre los profesores que se dan en España: se elimina el principio de autoridad y respeto y se acaba enfrentándose a quien está tratando, ¡fíjense ustedes! de convertirnos en unas personas realizadas, cultas y con futuro.
¿Y saben qué es lo peor? Que esos padres, que dan todo a sus hijos y que les permiten todo, son los culpables de una mala educación y de un mal futuro vital para sus hijos. Esos hijos maleducados, incluso, podrían reprochar a sus padres la mala educación recibida, por no haberlos educado en una vida de valores, tales como el respeto al prójimo y la disciplina para vivir y para trabajar.
Es muy fácil entender el movimiento social y político creado para acabar con los malos tratos familiares. Pero, a la vez, es muy difícil no percibir la misma respuesta de aquellos quienes más claman contra la violencia hacia las mujeres, en contra de la mala educación que se está dando a nuestros hijos. Porque, buena parte de la violencia contra las mujeres germina en una permisividad excesiva de algunos padres con respecto al nulo respeto de sus hijos a sus profesores y a sus compañeros de clase, sobre todo en relación a las chicas.
Y si falla la educación, solo nos queda la vía policial/judicial para acabar con aquellos que nos hacen la vida imposible. Denunciando todas aquellas situaciones que atentan contra nuestra libertad y seguridad, y reclamando judicialmente a los padres de aquellos menores que nos han causado un daño, podremos erradicar, poco a poco, de nuestra sociedad a aquellos indeseables que disfrutan haciendo daño a los demás.
Por eso, decíamos al principio, sentencias como la del Supremo que comentamos, nos redimen de nuestra condición de rebaño de ovejas: hay que reclamar siempre para acabar con la dictadura de los violentos. Porque, contra los violentos, parafraseando a Alberti, “a cabalgar, a cabalgar, hasta enterrarlos en el mar”. Y la expresión vale para todas las clases de violencia conocidas.
ROBERTO MANGAS
prensamangas@hotmail.com

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